A muchos nos ha pasado que conocemos a alguién que nos deslumbra, nos apantalla, es decir, nos asombra con su forma de ser, con su apariencia ó con el diseño mental que nos creamos de esa persona y enseguida le otorgamos un papel protagónico en nuestra vida porque consideramos que ahí es donde le corresponde estar.
Pero los riesgos de no ser sensatos o de darnos la oportunidad de conocer en verdad a las personas que nos rodean puede ser grave o duro de aceptar para nosotros cuando las verdaderas identidades se revelan con el transcurso del tiempo o en situaciones de estrés o dificultad.
A muchos les otorgamos el protagónico de amigos y muchas veces no son más que personas que coinciden en algún punto de nuestra vida nada más.
Tarde o temprano cuando las máscaras caen, deja salir a la luz las verdaderas intenciones de los que nos rodean, ya sean buenas o malas. Cuando no son buenas intenciones llegan el duro sentir dado que no era lo que estimábamos de tales personas.
Es entonces cuando caemos en razón las consecuencias del actuar prematuro dejandose guiar por los sentimientos momentáneos de aceptación y no por la razón; sin embargo, todo ello constituye un proceso de aprendizaje para la vida el cual se va a repetir una y otra vez con toda persona que vayamos conociendo.
Que más adelante en nuestra vida aprendamos a obrar sabiamente es mi deseo para todos.
Dios te bendiga.
Jam Leth